La peregrinación de Roma
Fotografías Polaroid de Les Saintes-Maries-de-la-Mer, 2012.
En 2012, viajé a Les Saintes-Maries-de-la-Mer, en la región de la Camarga, al sur de Francia, para fotografiar la peregrinación gitana anual en honor a Santa Sara.
Me traje cámaras Polaroid y carretes de Impossible Project.
No quería que el trabajo resultara pulido, distante o excesivamente controlado. Quería que las fotografías transmitieran algo de la propia peregrinación: el movimiento, el calor, la devoción, la incertidumbre y la frágil belleza de un momento que no se puede repetir.
Cada mes de mayo, los peregrinos romaníes se reúnen en Les Saintes-Maries-de-la-Mer para rendir homenaje a Santa Sara, venerada por muchos como la protectora del pueblo romaní. El pueblo se llena de música, oraciones, caballos, velas, procesiones y gente que se dirige hacia el mar. Es un acto público y, al mismo tiempo, profundamente personal: en parte ritual, en parte reencuentro y en parte acto de fe.
Vine como observador, pero no como turista.
Hay lugares en los que la cámara debe mostrarse más humilde. La peregrinación exigía respeto. Estaba fotografiando una tradición viva, no un espectáculo. Me interesaba el espacio entre la devoción y la vida cotidiana: una mano que sostenía una vela, un rostro vuelto hacia la procesión, el bullicio de la gente en las calles, el mar esperando al borde de todo.
La fragilidad de la Polaroid
La elección de Polaroid no fue por nostalgia. Fue por razones prácticas.
Cada fotograma era único. Cada imagen debía protegerse a medida que se revelaba. La luz, el calor, el polvo, el movimiento y el azar se convirtieron en parte de la obra. Algunas fotografías cambiaron de color. Otras presentaban imperfecciones. De algunas daba la sensación de que ya habían envejecido cuando llegaron a mis manos.
Esa fragilidad era importante.
La peregrinación en sí misma gira en torno a la memoria, la fe y la transmisión. La Polaroid dotaba a las imágenes de una cualidad similar. No eran solo registros de lo que veía. Se convirtieron en pequeños objetos que daban testimonio: inmediatos, imperfectos e irrepetibles.
Santa Sara y la costa
La historia de Santa Sara forma parte de la leyenda, la fe y la memoria cultural. Según la tradición, su figura está ligada a la llegada de las santas mujeres a las costas de la Provenza tras una travesía por mar. Cada año, su estatua es llevada por las calles hasta la orilla, rodeada de peregrinos que acuden no solo para recordar, sino también para sentirse parte de algo.
Lo que más me conmovió no fue el carácter solemne de la procesión, sino la intensidad humana que la rodeaba.
La gente acudió con dolor, gratitud, esperanza, orgullo y nostalgia. Algunos llegaron en silencio. Otros cantaban. Otros observaban desde un lado, como si guardaran historias personales que ninguna fotografía podría plasmar por completo. Empecé a entender la peregrinación no solo como un acto religioso, sino como una reunión en torno a la memoria: un pueblo que transmite la continuidad a través del ritual.
Estas Polaroids no son fotografías documentales en el sentido convencional.
Son fragmentos.
Un rostro. Un gesto. Un caballo que pasa. Un vestido capturado en pleno movimiento. Una figura que emerge de la luz. El borde de una multitud. La sensación de estar cerca de algo antiguo y vivo.
Una obra sobre la fe y la fugacidad
La obra forma parte de una línea que recorre gran parte de mi trabajo: el deseo de ser testigo de momentos en los que la apariencia da paso a la presencia. Ya sea en un pueblo, en un estudio, en una casa familiar o en una procesión sagrada, siempre vuelvo a la misma pregunta:
¿Qué queda cuando desaparece la actuación?
En Les Saintes-Maries-de-la-Mer, la respuesta surgió de la propia inestabilidad del medio. La Polaroid no me permitía retocar demasiado la imagen. Me pedía que la aceptara, la protegiera y dejara que se convirtiera en lo que tenía que ser.
En ese sentido, el proceso se convirtió en parte de la oración.
«La peregrinación romaní» es una serie de obras sobre la fe, la fugacidad y la dignidad de los rituales heredados. Trata sobre la forma en que una comunidad se une en torno a la memoria, y sobre cómo una fotografía —pequeña, frágil e imperfecta— puede capturar la sensación de haber estado allí.
No como posesión.
Como testigo.
