
Cuando una fotografía se convierte en prueba
La semana pasada hablé con una amiga que tiene una hija de veinte años. Me contó que su hija no se quería a sí misma, que a menudo se sentía «inferior» y que unos pocos momentos de vergüenza corporal en su corta vida ya le habían dejado cicatrices. Escuchar eso me entristeció de verdad.
Al mismo tiempo, algo se encendió en mí, porque vi la oportunidad de marcar una pequeña diferencia. Invité a su hija a venir a una sesión.
Le dije a mi amiga algo en lo que creo profundamente, aunque a veces suene como un sermón. No somos nuestro cuerpo, ni nuestra edad, y la belleza reside en la ausencia de juicios.
También entiendo por qué esa idea suele ser recibida con una sonrisa cortés. Cuando la gente oye esto de un fotógrafo, la respuesta tácita suele ser: sí, sí, todos somos hermosos por dentro, pero para la foto, solo quiero salir bien. Haz lo que tengas que hacer.
La fotografía puede parecer una prueba. Como un documento. Como si la cámara solo registrara lo que está visiblemente ahí.
El poder silencioso de la presencia
De lo que rara vez hablamos es de la presencia y la fuerza tranquila que genera. El tipo de fuerza que suaviza el rostro, estabiliza la mirada y permite que alguien vuelva a parecer él mismo. El tipo de belleza que no se representa, sino que se revela.
Creo que si logramos interrumpir la narrativa interna aunque sea por un minuto, podemos experimentarnos de manera diferente. Y en ese momento, una fotografía puede cobrar poder, no porque oculte algo, sino porque muestra lo que la vergüenza intenta borrar.
Cuando su hija llegó al estudio, estaba nerviosa. Se notaba la presión por actuar, por hacerlo bien, por estar a la altura de la cámara.
Le dije que no tenía que actuar. Solo tenía que respirar y estar presente.
Ese era el trabajo. No posar. No fingir. No forzar las cosas. Simplemente darse cuenta de la historia que tenía en la cabeza y dejarla pasar.
No fue fácil. Se dio cuenta de lo fuerte que era ese diálogo interior. Pero poco a poco, lo dejó. Sus hombros se relajaron. Sus ojos se calmaron. La habitación se volvió más silenciosa.
Después de la sesión, eligió tres imágenes. Me dijo que sentía como un regalo poder tener por fin unas imágenes bonitas de sí misma.
En ese momento, recordé lo transformadora que puede ser la presencia. Lo sanador que es dejar de juzgar, aunque sea por un momento, y tratarse a uno mismo con amabilidad.
Una sesión de retratos diferente
Una sesión fotográfica puede desarrollarse de dos maneras muy diferentes.
A veces se convierte en un ejercicio de corrección. Arreglar el atuendo. Ajustar el maquillaje. Buscar el look «perfecto». Incluso cuando se hace con delicadeza, el mensaje puede calar de forma sutil pero profunda: aún no eres suficiente. Cuando la belleza solo aparece después de que la apruebe el ojo profesional, estamos renunciando a nuestro poder.
Pero una sesión de retratos también puede ser algo completamente diferente.
Puede ser un retorno a una simple verdad: que ya eres suficiente. Que la belleza no es algo que se gana a través de la perfección, sino algo que se recuerda cuando el juicio se suaviza.
Por eso fotografío retratos.
No me interesa transformarte en otra persona. Me interesa conocerte tal y como eres, aquí, en este momento. En mi estudio, el trabajo no se centra en la actuación, sino en la presencia. Reducimos el ritmo. Respiramos. Dejamos que la narrativa interior se calme. Y desde ese lugar, surge algo real, una estabilidad, una honestidad, una mirada que nos hace sentir como en casa.
Cuando eso ocurre, la fotografía deja de ser una prueba de que estás guapo.
Se convierte en la prueba de que perteneces a ese lugar.
Te invito a venir a una sesión fotográfica.
Si alguna vez has sentido la presión de salir bien en la foto, te invito a vivir una experiencia diferente. No se trata de un cambio de imagen, sino de un diálogo. Ven tal y como eres. Te recibiré con cuidado, atención y una fascinación genuina por lo que te hace extraordinario.
Porque los retratos más poderosos no te quitan tu poder. Te lo devuelven. Quiero mostrarte la diferencia. Quiero capturarte bajo una luz diferente. Reserva tu sesión de retratos aquí. Me encantaría conocerte.
