En su presencia
No viene para que la cambien.
Viene tal y como es.
No se ha añadido nada.
No se ha corregido nada.
El objetivo no es transformarla,
, sino reconocer lo que ya está ahí.
Hay un momento, a menudo sutil,
en el que todo encaja.
La necesidad de actuar se desvanece.
El cuerpo se queda quieto.
La mirada se mantiene fija.
Y en ese momento, surge algo auténtico. Sin artificios. Sin artificios. Simplemente dejado fluir.

Estos retratos no tratan sobre la edad.
Pero el tiempo está presente en ellos.
En la forma de comportarse de una persona.
En esa tranquila seguridad que ya no pide permiso.
En esa profundidad que no se puede imitar.
No se trata de convertirse.
Se trata de ser.

Muchas de las mujeres que acuden al estudio tienen entre 40 y 50 años, o incluso más.
No están aquí para que se las redefinan.
Están aquí para que se vean bien.
Un retrato, cuando es sincero, no da nada.
Lo revela.
Y lo que revela es, a menudo, algo que ya se sabe,
pero que rara vez se reconoce.
No hay necesidad de empoderamiento.
No falta nada.
Solo el espacio para reconocer lo que siempre ha estado ahí.
Se trata de retratos artísticos, creados con esmero, en un entorno de estudio controlado en Miami o Toronto.
