Cuando nos alejamos de nosotros mismos

La semana pasada, en Miami, Nisha no encontraba nada que ponerse. Nos habían invitado a varios eventos. Nada fuera de lo normal. Pero algo había cambiado.

Una prenda tras otra, nada le convencía. No porque la ropa no fuera adecuada, sino porque no le gustaba cómo le quedaba. En algún momento, dejó de tratarse de la ropa. Dijo que quería perder diez kilos.

Y, de repente, el viaje dio un giro.

La luz seguía allí. Las invitaciones seguían allí. Los días eran los mismos. Pero ella ya no estaba. En realidad, ya no estaba con nosotros, no del todo.

Desde fuera, no ocurre nada extraordinario. Pero por dentro, algo se cierra.

Me di cuenta de que no dejaba de tocarse los brazos. Al principio, con suavidad; luego, cada vez con más frecuencia. Dijo que los mosquitos se los habían dejado hechos un desastre. Quizá fuera así. Pero daba la sensación de que se trataba de otra cosa, como si el cuerpo se hubiera convertido en algo que había que corregir, arreglar o con lo que había que lidiar.

Y en esa negociación, nos alejamos del momento en el que nos encontramos.

«Si tuviera otro aspecto… Si fuera mejor… Si solucionara esto…»

No porque haya cambiado nada a nuestro alrededor, sino porque ya no nos permitimos formar parte de ello.

Esto lo veo a menudo en el estudio. La gente llega con una idea preconcebida de cómo debería verse. Se ajustan, se corrigen, se tensan un poco más de lo necesario.

Pero cuando ese esfuerzo decae, aunque sea por un momento, surge algo más.

No es la confianza. No es el rendimiento. Es la presencia.

Y eso lo cambia todo. No el cuerpo, ni el rostro, sino la forma en que se les ve.

La mayoría de las veces, no hace falta añadir nada. Solo hay que soltar algo.

PRÁCTICA EN EL ESTUDIO

JÉRÔME — El retrato como arte
Arte original en técnica mixta · Retratos monocromáticos

Distrito del Diseñode Miami
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Ottawa y Mont-Tremblant
(con servicio enMontreal)

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