Sobre ser visto sin ser juzgado

Un retrato creado en silencio, sin actuación ni correcciones.

Una vez fotografié a una joven. Era preciosa, pero ella no lo creía. Se notaba en su postura, ligeramente retraída, como si ya estuviera sopesando cómo la verían los demás. Había en ella una vacilación, sutil pero palpable.

En algún momento, mencionó cosas que no le gustaban de sí misma. Pequeñas cosas, pero dichas con tanta seguridad, como si ya se hubieran convertido en una verdad. Eso se me quedó grabado, no porque fuera algo inusual, sino precisamente porque no lo era.

Desde pequeños aprendemos a mirarnos desde fuera, a evaluarnos, a adaptarnos y a compararnos. Con el tiempo, esa forma de vernos nos resulta familiar y empieza a parecernos la realidad. Empezamos a creer que somos solo lo que vemos.

En el estudio, a menudo soy testigo de un momento diferente. Al principio, la gente llega con esa misma actitud. Se nota un esfuerzo silencioso por mantener la compostura, por presentarse de una determinada manera. No es nada dramático, pero se nota.

Y entonces, a veces, algo cambia. No porque se corrija o se añada algo, sino porque, por un breve instante, el esfuerzo se relaja. El cuerpo se suaviza, la expresión cambia, casi imperceptiblemente, y lo que aparece no es una versión mejorada de la persona, sino una más presente.

No hay ninguna actuación, solo la sensación de estar allí.

Lo que se hace visible en esos momentos no es nada nuevo. Es lo que ya estaba ahí, antes del comentario.

Una fotografía puede capturar ese momento, no como prueba de cómo debería verse alguien, sino como un recuerdo de cómo era cuando no había nada que corregir.

Y, a menudo, eso basta.

PRÁCTICA EN EL ESTUDIO

JÉRÔME — El retrato como arte
Arte original en técnica mixta · Retratos monocromáticos

Distrito del Diseñode Miami
Yorkville, Toronto
Ottawa y Mont-Tremblant
(con servicio enMontreal)

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