Lo que surge cuando miramos
Cuando hago fotos, presto atención.
No se trata de mejorar lo que ya hay, sino de reconocerlo.
La atención se convierte en intención.
Y la intención permite que algo que ya está presente salga a la luz.
No busco una pose.
Busco lo que es innegable.
Un cambio en la mirada.
Una quietud en el cuerpo.
Un momento en el que algo real perdura.
Cuando eso ocurre, la fotografía ya no se construye.
Se revela.
Que te vean así puede hacerte sentir vulnerable.
Y en esa vulnerabilidad, algo cambia.
No se trata de cómo te fotografían,
, sino de cómo te reconoces a ti mismo.
«Éramos amantes que […] decidimos hacer del mundo un lugar mejor tomándonos el tiempo necesario para contribuir a su mejora, prestándole atención, esa atención reverente, incluso sagrada, que es el amor». — Brian McLaren, Las Islas Galápagos

Más allá de lo expresable
Un retrato no se define por una sonrisa.
El silencio puede encerrar más verdad que la expresión.
Un rostro en reposo no está vacío, sino abierto.
Contemplación.
Presencia.
Una forma silenciosa de fortaleza.
Estos son los momentos que busco.
No para completar un cuadro,
, sino para revelar a una persona.

