Cañón del Antílope — 2012
Estudios sobre la luz, la forma y el silencio. Expuestos en la Galería Ágora, Nueva York.
En 2012, mi serie sobre el Cañón del Antílope se expuso en la Galería Ágora de Nueva York.
La obra comenzó como un estudio del paisaje, pero acabó convirtiéndose en algo más parecido a un estudio de la presencia. En el interior del cañón, la luz no se limita a iluminar la roca. Se mueve a través de ella. Revela formas, las oculta y vuelve de nuevo de forma diferente.
El Cañón del Antílope es estrecho, esculpido y rebosa de sombras. Sus paredes de arenisca han sido moldeadas a lo largo del tiempo por el agua, el viento, la presión y la ausencia. Lo que queda no es una simple decoración, sino una forma: un registro del movimiento congelado en el tiempo.
Entré en el cañón con la intención de fotografiar un paisaje. Lo que encontré se parecía más a una lección sobre cómo ver.
No había rostros, ni gestos, ni historias humanas en el sentido habitual. Y, sin embargo, la obra parecía profundamente ligada al retrato. El cañón se revelaba tal y como a veces lo hace una persona en el estudio: poco a poco, a través de la luz, la paciencia y la atención.
La luz como revelación
Cada curva tenía una especie de presencia. Cada sombra cambiaba el significado de la forma que tenía al lado. No hacía falta añadir nada. La tarea consistía en observar, esperar y recibir lo que la luz hacía visible.
Estas fotografías no buscan el espectáculo. El Cañón del Antílope ha sido fotografiado en numerosas ocasiones, a menudo por su dramatismo y su colorido. A mí me interesaba algo más sobrio: la vida interior del lugar, la forma en que la roca puede parecer suave, la forma en que la oscuridad da forma a la luz y la forma en que el silencio puede volverse casi físico.
Para mí, esta serie se convirtió en un ejercicio de moderación.
Me recordó que el acto de ver no es tan diferente, ya sea que el objeto sea una persona, un paisaje o un lugar sagrado. En cada caso, la imagen surge cuando el juicio se desvanece y la atención se intensifica.
Un estudio sobre la presencia
«Antelope Canyon» no es una serie de retratos, pero me enseñó algo sobre el arte del retrato.
Eso me enseñó que la presencia no se limita al rostro humano.
A veces se encuentra en la piedra, en la sombra y en el fugaz destello de la luz.
La serie pasó a formar parte de una línea argumental más amplia en mi obra: la búsqueda de lo que ya está ahí, esperando a ser revelado. Ya sea que fotografíe a una persona, a una familia, un ritual o un paisaje, la pregunta sigue siendo la misma:
¿Qué nos permite ver la atención?
En el Cañón del Antílope, la respuesta llegó a través del silencio, las formas y la luz.
Exposición
«Antelope Canyon» se expuso en la Agora Gallery de Nueva York en 2012. La exposición supuso la presentación de la serie en el contexto de una galería de arte contemporáneo y situó la obra dentro de mi práctica más amplia de estudio de la presencia, la luz y la forma.
